miércoles, diciembre 09, 2009

Así...(poema)


Así hemos elegido la distancia
Entre un árbol de soles anaranjados
Y una tierra donde el magma
Es tumba de nuestros besos.
Así hemos arrancado la última hoja
De una historia que vagará ahora
En nuestra memoria
Como cruces de caminos erróneos.
Grises son las caricias
Que entre neblinas conversan,
Grises son las manos
Que entre hojarasca se aman
Así hemos pintado de tumbas
Cuando el amor expira su último suspiro.
¡Todo acaba¡
Es ventolera malsana que golpea una y otra vez
Contra ese espejo que nos miramos
Y así…así visitamos el adiós.
Las horas transcurren con parsimonia,
Los días son bolas que soplan
El impenetrable son de la ruptura
De dos cuerpos que vagan ahora
Por la penumbra del por qué.
Así hemos de despedirnos
Amigos de nevadas en la persecución
De nuevos sueños,
De nuevos puentes sibilinos
Que nos nutran de otro amor, de otro querer.

martes, diciembre 08, 2009

El invierno rojo...(relato)


EL INVIERNO ROJO
No cesaba de llover, esas gotas corrosivas que certificaban la infertilidad de los árboles y la oscuridad de los peces. Peces que posaban en las orillas de los ríos con su esqueleto gravitando como vagabundos desheredados al impulso de la vida. Las tierras también se semejaban a ellos, tierras que se hallaban más allá de las corrientes marinas, desoladas por el defraude a la atmósfera que los envolvía.
No se observaba ningún árbol por aquel entorno, sólo , a millas y millas de distancias algunos deshojados, con el alarido intenso de lo yerma que era su savia, con el sufrimiento a galope por no sentir ningún ave posar en sus frágiles ramas. Solamente de vez en cuando una bandada de estorninos, de plumajes desvanecidos, era bodas de esa bóveda: turbia, pesada, agobiante , sin el esplendor de una luna reluciente y satinada de su enigma, sino el agolpar tirano de una oscuridad inmensa en su reflejo, en su espejo para aquellos que deseaban danzar su alma bajo su son, como el océano : enrarecido , distante de cualquier movimiento de seres vivos , inanimado, sólo mostrando lo bravo de su carácter cuando la marea cambia su curso y es furia de radiantes espumas blancas contra las rocas . ¡Las rocas¡ prisioneras de ese mundo hostil, asqueadas de ser servidumbre a la soledad que para el resto de sus vidas estaban condenadas .

Sólo un ser, un humano gravitaba por esas afiladas deformidades. Un único habitante en esa tierra de la nada y lo desahuciado de sus mares en el destino fiel a los presagios que se señalaban en el pasado. ¡Nadie escucho¡ Todos éramos inmutables a ese designio infernal que abrasaría a este planeta azul. Este, que con su variopinto mestizaje de diversidad llegó sin duda al cáncer y a una anacromática secuela en su faz y atmósfera.
Aquel ser que ambulaba por esos retorcidos y melancólicos paisajes era también tatuaje del sufrimiento. Sobre su espalda llevaba años y años de soledad. Contemplando en su memoria el signo de horror de sus amigos, bañándose de latigazos de vergüenza por ser cara a cara a ese mundo demolido. Su cuerpo se hallaba tembloroso al sentirse inválido para deshacerse de esa tortura que sus pies cansados tenían que pisar. Sin ese estado de éxtasis magnífico como si hiciera el amor al tumbarse sobre la hierba. ¿Dónde estaba el verdor ¿ Todo había desaparecido, fenecido bajo ese garfio maloliente y veneno del hombre. Ya no más cementerios de elefantes. Ya no más cementerios de ballenas. Todo era ahora una fosa común.
- Que extraño- sollozaba terriblemente- No siento el cuchicheo agudo pero glorificante de las gaviotas. Todo es penumbra. Todo es una esfera inerte donde la supervivencia ha culminado en moribundas y rancias huellas. Me hallo solo. Solo y esta yerma tierra. Cansado por no avistar ni el vuelo, ni el sonido de algún ser paralelo a esta vida mía.
El anciano continuaba con su errar nauseabundo. Con sus vestimentas aún más desgarradas. Con la desesperación penetrando por sus doloridos huesos cuanto más la realidad chocaba en sus pupilas.
- ¡Universo¡¡Universo¡ Cosmos que envuelve este minúsculo planeta. Si me escuchas, dame fuerzas para continuar. Dame ese aliento cómplice de la vitalidad para tener esperanza en un nuevo mundo, un nuevo florecer. Un nuevo mundo donde esta atmósfera asfixiante no me oprima. Donde esta tierra, donde mi rastro borrado, el viento vuelva a tomar esa belleza del ayer. ¿¡ Por qué¡? Por qué siento el alarido insoportable de las ramas. ¿¡Por qué¡? Por qué siento un átono suspiro de las aves. ¿¡Por qué¡? Por qué siento el desangrar imparable de los montes. ¿¡Por qué¡? Por qué siento la derrota del ser humano. ¡Qué inconscientes hemos sido ¡ Crecer en unos niveles desproporcionado y desmesurados de espaldas a nuestra madre naturaleza . Mira ahora este mundo, envuelto en miseria se halla. Como un vagabundo de memoria eclipsada por las brasas creadas en el pasado.
El anciano gravitaba en una distorsión de su razón. Gritaba, se remordía, se atribuía a él mismo toda la culpa como único superviviente del quejumbroso planeta. No dejaba de oscultarse, quería sentir sus piernas, sus muslos, su pecho, sus manos en ya su desorientado vagar. Le acosaba un insomnio aterrador, cada día que pasaba las pesadillas y el delirio era vigía que lo acongojaba más y más. Con reductos de floresta viva donde no la había, esos espejismos que por inercia se apodera en la sed y la soledad. Experimentaba un polvo marmóreo en sus piernas en cada paso estremecedor. La sentía, sentía su llanto agónico y su súbito cansancio. Pero en el se ramificaba una esperanza, una esperanza que se articulaba en sus pensamientos “Ojala renaciera un nuevo arco iris donde sus tonos pálidos fueran todo ese matiz colorido de la vida y la esperanza “¡La vida ¡ Sí, la vida , deseaba con todo su esfuerzo como logro de su descanso que brotará otra vez, que erupcionara en multicolor como tersa belleza desborrando ese luto .
Su suplica era un deseo ferviente que iba de sol a sol, un sol ceniciento y furioso. No quería esa vida desterrada de una mano semejante con el extermino de los seres que fluían en sus arroyuelos. Quería el aliento de la diversidad ya vagando por los campos de los moribundos, el sabor de las cristalinas aguas ahora insalubres, el vigor danzando sobre la faz de la tierra ahora con un agudo cimbrar por ser camposanto, el sabor de las hojas naciendo de una rama con ese verde esplendoroso, el sabor de las mariposas aboliendo ese inanimado paisaje de la tierra. ¡El quería ¡ Y esa fuerza culminante era objetivo que se aunaba a un rompeolas que estalla en un rayo de luz de esperanza. Aunque su cuerpo y espíritu cadavérico no fuera más que ya manjar de buitres. Sí, buitres, volando en círculos como si fuera un carrusel a ras de sus heridas abiertas.
Entonces, cayó al suelo de rodillas, con su gesto cabizbajo, con sus sentimientos en la vereda del llanto. Sólo, era zozobra de un cuerpo en los mismísimos huesos. Ya sin rogativas, ya sin el impulso ascendiente de sus anhelos. Callado, insonoro, sólo la sórdida bocanada de una brisa atrayéndolo a la muerte. Vencido ya. Con su último hálito. De repente, un especie de agujero comenzó a inundar esa bóveda azufrada, a la vez, a su lado, una pardela se poso. Lo rodeo hasta detenerse delante de él como signo de que le esperaba un largo viaje, como signo que le esperaba un cambio, como signo de que las enfermedades que espantaban a esa tierra iban a ser extinguidas con el coraje y los deseos que él había cimentado en sus pensamientos. De ahí, un relumbrar amarillento cubrió el cielo, acompañado de una especie de explotación y un seísmo proveniente de las entrañas de esa esfera hizo presencia de unos instantes. Pero, de nuevo, la oscuridad se hizo y de ese agujero negruzco que se dibujaba comenzó a emanar pétalos de rosa. Pétalos que iban impregnando todo aquella esfera terráquea enrarecida y sepultada. A medida que se posaban sobre la superficie esta se iba agrietando y de ahí se fecundaron ríos con gran corpulencia donde retozaban peces ; árboles de un majestuoso tamaño ; flores silvestres de un bruñido colorido ; aves que iban tomando la gama de esa cúpula que envolvía al globo terrestre ; toda una proclamación sorprendente de luz y color inaudita.
Esa convulsión extraordinaria como especie de una nueva creación era hechizo que lo ensimismaba ¡Vigilante del nacimiento de una nueva vida. ¡ Se sentía grande , gigantesco ,con un impulso acérrimo de llorar de alegría. Quería acoplarse a la naturaleza. ¡Por qué no ¡ Sentir ese brebaje vital de la tierra corretear por sus arterias, sentir la transparencias de las arboledas que iban atrapando todo ese ahorcado paisaje. Y, así fue, así fue como formo parte del aire, parte de la tierra, parte del océano en una mutación de ser pájaro. ¡Por qué no¡ Como hombre se sentía sólo en ese ajado ayer . Un ayer que ahora caía al vacío, se ahuyentaba con el flujo prolijo de la naturaleza, y él, enlazado a ella. Dejar pasar el viento a través de su multicolorido plumaje y ser caída libre ante las escarpadas montañas para después transformarse en su llegada al océano en estrella que surca por los arrecifes ulteriores de haber perdido ese blanco mortal.

viernes, diciembre 04, 2009

LA ESPERANZA...(RELATO)






Corría como llevada por el viento, como llevado por el hechizo de la luna cuando en su creciente mirada crea la beldad en los corazones. Corría bajo el haz fugaz de unas estrellas que la lleva al mar, al mar. Se abalanzaba en el océano con sus brazos estirados, con sus manos deterioradas por el zumbido trivial de los sueños. Se sentía oprimida por la rutina diaria. De repente de sus dedos, bellos, surgían pinceles y de sus lágrimas acuarelas pintando así peces, barcas, veleros que la llevaban a tierras desconocidas, tierras donde aves de muchos colores en sus plumajes le daban mensajes de paz, de un hambre acabada, de enfermedades extinguidas, de una sed eclipsada por el surcar de hermosos ríos cuyas aguas cristalinas era reflejo del arco iris.

Un tiempo que se detine...(poesía)

Un tiempo que se detiene
En el rezumar de un callejón
Que no tiene salida
Creando un paisaje gris
Donde la esperanza se interioriza
En el cavilar de pueblos libres, de manos libres
Con la insomne llama de buganvillas
Que se pudren, que despiertan el imparable son
De un sol que yerta cuerpos en un desierto
Que se expansiona en el emerger de la paz.

sábado, septiembre 12, 2009

El vaivén de las olas...


Las nubes muerden su vientre que a la deriva la mira y la mira en el engendrar de una noche que en su extensión la sacude con el amor. Su cuerpo desnudo como camino de la perfección ante la observación nítida de ella. El sudor del verano las llama con la alegría y la calma que aporta una sobre otra, otra sobre una en el surcar de sus sueños. No desean despertarse de esa maravilla que sus caricias transcurren de manera sutil en un círculo de intimidad. La paz es velada por el beso, el beso es velado por la paz. Pero hay que levantar, hay que elevar anclas y seguir con la rutina de cada jornada marcada por el paso de las horas hasta que la sabiduría de sus deseos se vuelva a encontrar. Por el angosto sendero del olvido abren sus párpados, mareas que en el espacio presente las hace cómplices de sus secretos. Sus pasos ahora serán aves con distintos destinos pero un pensamiento en común, ese pensamiento que sopla en otra dimensión donde nada tiene cabida. Solo ellas. Cae la lluvia con veracidad, las calles empapadas dicta el recorrido que tomará cada una. Sus pasos ahora serán rocas que no desenmascarará el ciego amor que las ampara. Solo ellas. Solo una despedida hasta que el ocaso sea principio de unos labios que se unen en el terso y sensual vaivén de las olas.

domingo, septiembre 06, 2009

Camina al viento...(poema)


Camina al viento, al viento
Con el trasluz de unos poemas
Que los besos se lo llevan
Por un arroyuelo concienciado
Del sabor de unos labios de hogueras
Cuyos latidos se propagan y expanden
Por la vía láctea como refugio de las estrellas.
El sonido del océano la invita
Aproximarse a las gaviotas que en el crepúsculo
Juguetean en la arena virgen
Y le hablan, le hablan
¿Cómo estas mujer del viento?
Cimbra en ti tierras lejanas donde
La danza y el bello canto es refugio tibio
De tus sentimientos.
Mis sentimientos, se galopan a ras de un firmamento
Que enmudece, que se humedece, que jadea
En el instante eterno de un amor.
Un amor desvaído, desfallecido, languidecido
En el transcurso de una tormenta de ortigas
Que cae y cae en el vaivén que mi cuerpo
Se desnuda del mortífero columpio de las emociones.
Camina al viento, al viento
Con la desconcertante visita de la luna rota
Que con su pulso infecundo erupciona tulipanes negros
Con su mascara de vieja espera en círculos de hielo.
El sonido del océano la invita
Aproximarse a las gaviotas que en el crepúsculo
Juguetean con la arena virgen
Y le hablan, le hablan
¿Cómo estás mujer del viento?
Refulgida cometa de verano
Que se incrusta en acantilados de papel
La pena despacito revienta en flores marchitas
Y los propósitos de tu mañana
Se envuelven en tela de arañas
Que hará curar tus heridas.
La pena vuela y vuela en el roce
Con las rocas agrietadas de donde un magma negruzco
Recorre mis venas, mis venas abiertas
Aborreciendo toda lágrima de ese amor del ayer.
Ahora soy como vosotras: libre, blanca y gris
Como la espuma que renace después
De la duda, ¡la duda¡

martes, agosto 25, 2009



Prisas, el columpiar de un ave
Que ha perdido su ruta,
El resurgir del astro anaranjado
En la maravilla de una ciudad
Donde sus estatuas con pétalos rojizos
Desembocan en la esperanza, en la libertad.

jueves, agosto 20, 2009

http://www.youtube.com/watch?v=miLV0o4AhE4

Montedeu y el violinista

El violinista no dejaba de tocar, ahí, en el casco antiguo de la ciudad. El bochorno apresaba a la ciudad con su peculiar panza de burro. Por allí, mientras tanto, pasaba Montedeu con sus piernas artificiales, con su timidez de costumbre. El había llegado en una patera hacia meses de donde por lo trágico del viaje le amputaron las dos piernas. Mi querido Montedeu ya puedes caminar y pronto conseguirás tus propósitos.
El violinista sigue ensimismado en su violín y Montedeu se para, lo observa, escucha el milagro de unas cuerdas y manos como milagro de su vida.
Violinista:
¿Qué observas muchacho? ¿Te gusta lo que toco?
Montedeu:
La música que mana de tu corazón. Música que me recuerda que la vida es esa naturaleza que hemos de aprovechar después de tanto sufrimiento. ¡Hay tanta pena en tu violín¡
Violinista:
Si. Si quieres te toco algo más alegre. Me gustaría ver la sonrisa en tu rostro.
Montedeu:
No. Sigue con la misma melodía, me encanta. Me hace sentir parte de este mundo. Este mundo que parece florecer en cada amanecer en ciertos lugares en otros, la amargura y la desgracia impera como serenata diurna, nocturna, a todas horas.
Violinista:
Si chico. Seguiré con esta melodía que tanto te encanta. La compartiremos en estos momentos de eterna felicidad que se quedará grabado en nuestros recuerdos, en nuestras memorias. Pero hazme el favor por un momento de olvidar a los más desfavorecidos. Me encanta la gente como tu. ¿Por cierto como te llamas?
Montedeu:
Mi nombre es Montedu. Y vengo de un lugar donde las guerras, el hambre y las enfermedades azotan a mi país. Terribles pesadillas reales transcurren allí. No puedo olvidar. Yo he huido pero otros…

Las lágrimas brotan de sus ojos marchitos. Las lágrimas recorren su tez azabache hasta alcanzar su corazón, su corazón… El violinista observa esa tristeza mientras sigue con la melodía extraordinaria. Algo se degrada en él, no sabe si es pena por Montedeu o por impotencia ante tanta injusticia que transcurre en este globo terráqueo. De repente el violinista deja de tocar.

Violinista:
Vamos amigo. Demos un paseo junto por este hermoso lugar. El astro rey parece que da señas de vida. ¡De vida¡ ¡Ay la vida…¡ Estamos aquí de paso. Hay que saborearla. Es tan corta para unos y para otros una tragedia de tempestades que surca en sus vientres como hoces cada instante, a cada paso que dan. Pero olvida amigo mío por unos instantes tu ayer, tu gente. No lo digo malévolamente. Solo quiero que pruebes la felicidad, la alegría que la paz y el bienestar nos brinda en estos momentos.


El violinista y Montedeu se dan la mano. Caminan juntos sobre esos adoquines de antaño. El violín suena sin que nadie lo toque. Las aves de paso recurren a esa música y acompañan a estas dos almas en sus sueños de esperanza, de esperanza…